...mmm...
el amor
Dejé
mi alma en la Alameda cubierta de hojas secas
Relámpago
caído en pleno desierto,
tu recuerdo,
palpitante
y fúnebre como herida abierta.
Hace unos días alguien me preguntó
que por qué mis
cuentos estaban relacionados con temas románticos, que si acaso
esa era mi tendencia, lo que me caracterizaba como autora, el romanticismo.
La expresión de su cara me hizo sentir comparada a Corín
Tellado y aunque nunca he leído una de sus novelas, la comparación
no me gustó mucho. Le di una respuesta algo vaga, le dije que las
relaciones amorosas en todas sus formas y expresiones son una fuente enorme
de inspiración, son interesantes, entretenidas e intrigantes dependiendo
de como se entrelacen sus elementos, dependiendo de la habilidad del autor
para transmitir emociones, cualquiera que éstas sean, en todo su
potencial y llevar al receptor a través de un laberinto de imágenes
y sensaciones. El amor ha sido usado para establecer intriga en historias
de suspenso como El Fugitivo (Andrew Davis, 1993), un drama
policial puede ser producido por un crimen pasional como en El Cartero
Llama dos Veces (Bob Rafelson, 1981) o Tacones Lejanos
(Pedro Almodóvar,
1991), una historia de ciencia ficción puede ser condimentada con
un poco de romance como en Mimic (Guillermo del Toro, 1997)
o 12 Monos (Terry
Gilliam, 1996) y así sucesivamente. Sin ánimo de
sonar cliché, el amor forma parte de nuestra vida cotidiana, está
presente en cada cosa que hacemos, y como tal, no es extraño que
sea objeto de observación y expresión creativa.
La idea de que el amor es la fuerza
elemental y única que establece el eje manipulador sobre el cual
gira nuestra existencia, no es algo nuevo en el cine. En El Quinto Elemento
(Luc Besson, 1997),
por ejemplo, la heroína (Milla Jovovich), el ser capaz de
salvar al planeta de ser destruido por una bola de fuego que representa
las fuerzas del mal, duda el ejecutar su tarea al descubrir que la humanidad
está en constante autodestrucción.
En el mundo hay dolor, guerras, gente que sufre en manos de otros, pero
también hay amor y es sólo por eso, y por los besos de Bruce
Willis, que la humanidad merece ser salvada. Bram Stoker’s Dracula
(Francis Ford Coppola,
1992) gira en torno a la idea, romántica y a la vez angustiosa,
que el verdadero amor nunca muere, el amor controla el destino de los amantes
condenándolos al dolor de la pérdida, pero prometiendo el
reencuentro, en otra vida, a través del tiempo. Aquí la expresión
de amor más sublime es terminar con la muerte en vida, la condena
del romanticismo, liberando al alma de su perpetua agonía.
Sin duda, las historias de amor más
familiares son las que provienen de las comedias románticas. Como
bien está ilustrado en películas que, se podría decir,
marcaron un hito como Cuando Harry Conoció a Sally (Rob
Reiner, 1989) y Sleepless in Seattle (Nora Ephron, 1993),
así también en The Truth About Cats and Dogs (Michael
Lehmann, 1996) y The Weddign
Singer (Frank Coraci, 1998 ) --película que pronto
será estrenada y que recomiendo ver a los amantes de las comedias
románticas y de la cultura de los 80, no porque sea un film extraordinario
en cuanto a guión o cinematografía, sino porque ofrece unos
cuantos momentos divertidos, tiene una música excelente y una buena
ambientación, que a más de alguien le hará recordar
cuando pasaba las penas escuchando a The
Cure, se peinaba como Madonna,
bailaba como Michael Jackson y entremedio escuchaba la hora de rock
latino con Pirincho Cárcamo en radio Galaxia-- la
fórmula presente en todas las comedias románticas es: la
niña y el niño se conocen, se gustan, por alguna razón
no pueden estar juntos, o lo están y luego sucede algo que hace
que se separen, hay uno que otro momento cómico-angustioso, pero
siempre vuelven a juntarse. La película se acaba haciéndonos
creer una vez más en el amor y su fuerza liadora.
Ultimamente la fórmula de las
comedias románticas ha cambiado, haciéndose más parecida
a la vida real, o mejor dicho, menos similar a los cuentos de hadas. Las
películas ya no terminan en que la pareja se casa y vive feliz para
siempre, ahora la pareja simplemente no habla de matrimonio, los amantes
no son una pareja sino que un trío, el niño no se queda con
la niña de sus sueños, etc. La irresponsabilidad, el egoísmo,
los sentimientos mezclados y las dificultades de la vida diaria han encontrado
su camino en las comedias románticas. Este toque de realidad un
tanto dramática no hace que las películas de este género
sean menos graciosas, pero sí produce un cambio en esa sensación
de bienestar que comunmente dejan las comedias románticas luego
de verlas, ahora queda una sensación de ambigüedad.
En The
Object of My Affection (Nicholas Hytner, 1998) película
que será estrenada en Noviembre y que vale la pena ver por el enfoque
un tanto analítico que se le da al tema de la sexualidad y la familia,
el conflicto se
presenta cuando la niña (Jennifer Aniston de Friends)
se enamora de su amigo (Paul Rudd de Clueless, Amy Heckerling,
1995), un profesor de educación primaria que es homosexual, con
el cual comparte un departamento luego que él ha sido dejado por
su pareja de años. En La Boda de Mi Mejor Amigo (P.J.
Hogan, 1997) Julianne (Julia Roberts) se entera que su amigo,
quien la ha amado por nueve años, va a casarse. Desesperada por
la noticia, va a la recepción dispuesta a reclamar
el amor que él le ha profesado y declarar el suyo esperando así
parar la boda. En Chasing Amy (Kevin
Smith, 1997) la relación entre dos amigos se ve comprometida
cuando uno de ellos se enamora de una niña bisexual. En Two
Girls and a Guy (James Toback, 1998) película que
marca la vuelta a la pantalla de Robert Downey Jr. con una buena
actuación, y que pronto será estrenada, el conflicto se produce
cuando las dos niñas que el protagonista tiene por pareja, se conocen
fuera de su departamento mientras lo esperan para darle una sorpresa. Esta
película tiene uno que otro diálogo interesante, situaciones
poco creíbles, un formato de obra teatral y pretende analizar las
relaciones de pareja y las alternativas presentes en el mundo actual, pero
se queda corta.
Además de la sexualidad, otro
elemento presente en las películas románticas que remece
un poco el género, son la circunstancias de la vida diaria que hacen,
a los personajes, dudar de sus relaciones
de pareja y los hacen buscar en otros lados la felicidad, pero al mismo
tiempo cuestionando las decisiones tomadas. En The
Horse Whisperer (Robert
Redford, 1998) --que será estrenada en julio, y que es más
bien un drama romántico que una comedia, la cual no ofrece mucho
más que una cinematografía hermosa que puede compararse a
la de las películas de Akira Korosawa y a las escenas de
Forrest Gump (Robert
Zemeckis, 1994) cuando el protagonista corre a través del
sur de Estados Unidos-- una mujer profesional (Kristin Scott Thomas
de El Paciente Inglés, Anthony Minghella, 1996) reexamina
el sentido de la vida luego del accidente de su hija de 13 años
e intenta reconstruirla escapando de la ciudad hacia el sur. Esta película
establece el paralelo conocido entre los caballos y la libertad del espíritu. En
She’s so Lovely (Nick Cassavettes, 1997) una mujer (Robin
Wright de Forrest Gump) se enfrenta a la decisión de
continuar con su vida estable de familia o volver a la que tenía
con su primer marido que, al salir de un hospital siquiátrico, vuelve
a buscarla y a reclamar el amor que habían compartido. En Hope
Floats (Forest Whitaker, 1998) un mujer (Sandra Bullock)
se entera en un talkshow que su marido pretende dejarla por su mejor
amiga, y vuelve con su hija al pueblo donde creció y a la casa de
su madre, para intentar rehacer su vida.
No es la originalidad del tema central
propiamente tal, sino que la forma en que éste está presentado
y si efectivamente el guión y las actuaciones hacen que el público
sea capaz de establecer un paralelo entre sí mismos y lo que le
sucede a los personajes en pantalla, lo que hace del romanticismo un género
interesante y atractivo.
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